Lunetas oscuras han tapado tus ojos al cantar en los tejados sevillanos ¿Y qué más me da? si ya me los sé de memoria; si ya me los bienaprendí para poder salvar distancias y países, mar y tiempo. No todo en la mochila iban a ser objetos.

Ahora me he ido. Partí de viaje y te recuerdo intenso, sabiendo que me hallo en el último punto del viaje, y que nuestro reencuentro reinará soberano en breve.

Todas las casas en la Habana van viniéndose abajo al ritmo salsero. En cientos de ellas hay negros ociosos con zarcillos de oro, medio tirados en los zaguanes. Uno en particular, mulato, está completamente asediado por un andamiaje en madera, que preserva lo poco que queda de aquellos años felices de la URSS; donde los recién casados recibían cajas y cajas de cerveza del gobierno cubano como regalo de bodas. Despreocupadamente, expone su producto (Un cigarro habano Cohiba) en moneda turista, o CUC, o moneda inventada o Peso Convertible Cubano o dinero del monopoli… como quieras llamarlo. Pero no todas las fachadas están en coloridas ruinas. Escondiéndome del Sol cubano he encontrado una sola casa sin resquebrajos en su tintura rosa. Está en la calle Trocadero. Hierática, una placa reza: Aquí nació el autor de “La muerte de Narciso”. Sin embargo, a Piñera solo se le atisba echando la vista al mar. La maldita circunstancia del agua por todas partes; en esa asfixia insular lo he encontrado. También tomé algunos daiquirís de dudosa calidad donde Hemingway. Tras el escopetazo en el paladar, en la Habana solo restan su escultura en bronce en la barra de este bar, y su “El viejo y el mar”. Qué frágil se quiebra un cráneo y con qué felicidad amarga salen los sesos después de toda una vida de comezón caliente y palpitante.

Achicado por los estertores literarios de todos estos escritores, (de lo que escribieron y lo que no) me he visto escribiéndote en la Habana vieja, entre santeras y palmeras. Entonces, mi pecho se ha ensanchado con júbilo. Nunca fue el escritor sino la inspiración. “Con ella a tu vera, como musa de cera, no puedes fallar” me susurran como corolario. Auguro que, para cuando te hayas derretido en la última noche, yo ya habré compilado copiosas y exuberantes historias, suficientes como para triunfar (tanto en Sevilla como allende del mar).

Un euro veintiséis pesos cubanos y 8 horas de avión tres meses de caricias y besos largos que no sé dónde están.

Sin importar dónde esté(s) ¡qué rico se siente amarte desde Cuba, mi negra!