–Ella quería fugarse del mundo para que no le llegasen ni el ruido ni la luz. Lo tenía todo pensado. Para ella, fugarse del mundo, significaba mudarse al barrio de Monmatre, en París. Quería despertarse con la luz matutina y desayunar cada día en una cruasantería distinta, inspeccionando los “café au lait” que pudiera encontrar.

Quería fugarse a Monmatre y tener por lo menos, 15 amantes, e ir intercambiándolos. Quería convertirse en un plagio de “La Maga”, de Cortázar, y trazar recorridos aleatorios por la gran orbe; recorrer las calles sin ningún destino, sintiendo el vacío en su estómago y cenando dos vasos de agua al ponerse el sol, tras la capilla de Saint-Pierre. Eso se sentía bien, era como liberarse. Al cabo de una semana te convencías de que con el aire que se respiraba en París era suficiente.

Necesitaba vivir al día, de prestado, ya que su filosofía era habitar la ciudad de paso, aunque supiera que moriría allí. Y no había problema, conocía un sitio en el que… además, tenía unos amigos de unos amigos los cuales… Ni si quiera quería aprender francés, algunas frases protocolarias le harían el trabajo sucio.

–Sigue hablando, por favor.

–No vas a encontrarla.

–Me encantaría que posara para uno de mis cuadros…

–No vas a encontrarla.

–Sigue hablando, por favor.

–La última vez que la vieron fue en Sevilla. Jonnas, ¿conoces a Jonnas? me contó que un tipo logro fotografiarla al atardecer. Mataría por ver esa fotografía. Fue en la azotea de un Hostel, El Nido de Cigüeñas. Si buscas ese Hostel, no hay ni rastro, simplemente no existe. Y aquí viene lo interesante; la dirección del hostel es el número cinco. Nido de Cigüeñas nº5. Pues bien, los números de la calle en cuestión saltan sin escrúpulos del 4 al 6. Incluso hay un espacio en la pared, es como si hubiera estado ahí.

–Tengo que irme.

–¿Tan pronto? La reunión acaba de comenzar. Patrick está a punto de llegar, dice que ha finalizado el trabajo y quiere enseñárnoslo en exclusiva.

–He de irme, otro día.

–¿Vas a Sevilla?– Gray se dio la vuelta en dirección a la puerta.– ¡Eres un estúpido! ¿Crees que yo no lo he intentado ya? Me tienes harto, ¿me oyes?–pero Gray ya había salido de la habitación– ¡Gray! Gray, si la encuentras… ¡Gray! Oh, Dios, solo espero que la encuentre– dijo casi en susurros.

El pintor había oído hablar de un teatro en Sevilla. Un teatro austero, desposeído de la palabra; un teatro gestual. No representaban, acometían rituales a la vista de todos sin ningún  pudor. Le habían hablado de la compañía; “El telar”. Tuvo que verlo con sus propios ojos para poder decirlo en voz alta, aquello era casi un aquelarre moderno. Nada de brujas, ni calderos mágicos, ¡qué idiotez! esa cosa que hacían en el escenario era iniciático, ritualista, catártico, pero sobre todas las cosas era sagrado. No había ningún tipo de duda, aquella gente era el tipo de gente que regentaría el Nido de Cigüeñas. El pintor se estremeció en su butaca, ¿y si ella estaba también en la sala viendo la obra? ¡es más! ¿Y si era una actriz? Era difícil saberlo.

Al terminar el espectáculo se quedó en la sala, boquiabierto por lo que acababa de presenciar e indignado por la impasividad de los demás espectadores, que salían en masa sin mayor importancia. Una actriz largirucha y delgadísima se deslizaba hacia la salida para fumar. La miró en la distancia, sopesando con qué frase podría entrarle.

 

–Ha sido increíble.–la actriz lo miró de arriba abajo con desinterés.

–Gracias.

–Estoy convencido de que podría pintar algo sobre lo que ha pasado ahí dentro.–la actriz hizo una mueca dándole una calada al pitillo.

–Así que tú eres el pintor que anda haciendo preguntas por ahí.

–¿Perdone?

–Ya sabes de qué hablo.

–Estoy buscando el Hostel.

–Buena suerte.– dijo yéndose.

–Estoy buscando a alguien, es… es verdaderamente importante encontrar este hostel. Me han dicho que quizá ella pueda estar allí.

–Una mujer, ¿eh? ¿No se trata siempre de lo mismo? Chico conoce chica…

–Es diferente, yo no… quiero decir, a mí no me gustan las…

–Oh, quizá sí que sea otra cosa. Más interesante, en todo caso.

–Oiga, ¿puede ayudarme o no?

–Cuando llueve durante tres días seguidos, se abre el portal.– el pintor puso cara de incomprensión– Créalo o no lo crea, pero si lo cree y va, piénselo dos veces. Hay decisiones en la vida de las que uno podría arrepentirse, esta es una de ellas.

–No… no entiendo.

–Ese sitio no es de este mundo. ¿Su amiga? no la conozco, pero si frecuenta el Nido de Cigüeñas, no puede andar en nada bueno.

El pintor volvió a su habitación de hotel bastante enfadado. Hasta ahora, todo el secretismo le había parecido refrescante. Ahora todo el asunto se había convertido en un absurdo. Daba igual, solo quedaban tres días para su vuelo de vuelta a París y hacía un sol agobiante. Y sucedió, empezó a llover. Tres días de lluvia. Esa mañana ni si quiera desayunó, fue directamente al nº5 y tuvo que llorar de incredulidad al llegar. Una puerta. Verde y ribeteada en dorado con y una celosía de cristales translúcidos. Una plaquita rezaba hiératica: “Cuanto más profundo el pozo, más clarina sale el agua”.

Al entrar en el hall el portero lo recibió como un Dios de la noche.

–Veo que se ha decidido a recordar sus asuntos con… Pandémica ¿cierto?

–Recordar…–logré decir completamente aturdido por la familiaridad de aquel nombre.

Entonces, me ofreció una buena sonrisa, y en todos los sitios donde debió haber dientes tiempo atrás, me vi atrapado, atrapadísimo. Su boca reía, se descuajaringó su mandíbula y mi vida, y sin darme cuenta estaba yo arriba, ese agujero negro abajo. Resultó que aquél Dios de la noche tenía un pozo dentro, era un pozo oscuro en si mismo. Y no pude hacer más que ahogarme en él.