Era lo típico, no sé cuántas razas extraterrestres que formaban un senado intergaláctico y toda la pesca para protegerse de los que la iban liando por el universo. El cansino duelo entre el bien y el mal típico de todos los universos dualistas. Set estaba aburridísimo de siempre lo mismo. Se hallaba en una nave más aburrida incluso que la historia del universo. Una nave diplomática que había intercedido en una disputa absurda. Los tipos en cuestión llevaban matándose cientos de años, así que el senado, más irritado que otra cosa, había propuesto una plan alternativo. Set no pintaba mucho, solo era el hijo de uno de los senadores a los que se les había ocurrido la “genial” idea. Por lo que a Set respectaba, esos alienígenas podían seguir zumbándose unos a otros, total, sin conflicto no había aprendizaje. Adaptación al medio, ensayo y error, de eso iba la vida, no quedaba una sola alma en el universo que no lo supiera ya. Dios, qué aburrido era todo.

 

Allá que fueron los solemnes miembros del senado a exponer su plan. El plan era aislar el ADN de todas las razas implicadas en la trifulca estelar, combinarla para crear una sola raza– y aquí es donde entraba el ser humano– e inoculárselo a algún planeta desprevenido. Ahora venía lo más tedioso del proceso, que era esperar miles de años para ver el resultado. Los senadores sostenían que si esa raza era capaz de evolucionar y llegar a altos grados de conciencia e incluso alcanzar la iluminación o qué se yo, vibrar a frecuencias muy altas e incluso subir a planos más superiores, significaría que las razas enzarzadas en este conflicto antediluviano podrían resolver sus diferencias.

 

Como llevaban años peleándose, convinieron en probar otra vía alternativa para solucionar las cosas. Eligieron un planeta bonito y le preguntaron al sistema geoespiritual si podían proceder con aquella ida de olla espacial. El planeta Tierra, con ganas de protagonismo, dijo que sí, que por supuestísimo. Le inocularon la raza a lo creacionista y a esperar.

 

Al principio, todo era muy igual, peleas y más peleas, guerras y violencia de todo tipo. Así que los extraterrestres empezaron a hacerles visitas en régimen controlado para ir ayudándoles con ciertos temas. Como no era suficiente, hubo infinidad de almas de razas ajenas al experimento que empezaron a encarnarse en seres humanos en la Tierra. Estos eran chorrocientos y a cada cuál más extravagante, que si los Pléyades, los niños índigo, los reptilianos, los atlantes, los lemurianos… allí cabía de todo y vaya fama que empezó a coger la Tierra en la galaxia. Aquello era la fiesta padre, la cosa llegó a un punto en el que la peña ya se cabreaba si no reencarnaba en un ser humano y acababa, qué te digo yo, en el sistema Antares.

 

Poco a poco, toda la galaxia fue compadeciéndose de la Tierra porque era un quiero y no puedo, era un parece que sí pero no. Surgía una civilización que era la hostia y, de pronto, todo se iba a la mierda. Que si los mesopotámicos, los egipcios, luego el rollito tan bien encaminado de Budha, Jesucristo… Pero claro, la cosa siempre salía mal. No hace falta que os explique lo que le pasó a Jesucristo, claro.

 

Los humanos eran muy de esto, primero el renacimiento y luego la edad media, o soy el puto amo o me cago en todo Dios. Así la cosa no avanzaba, así que empezaron a ayudar cada vez más, cada vez más, hasta que la cosa se puso ya muy cantosa. Aquello era un cachondeo, el que más o el que menos había visto un ovni y si no lo había visto se lo inventaba. Los americanos empezaron a obsesionarse con el tema y construyeron una base militar exclusivamente para tratar estos asuntos. Al final, la cosa se salió tanto de madre, que hubo un tipo que averiguó el experimento y escribió un libro sobre ello en el que lo contaba todo todito; “La guía del autoestopista intergaláctico” lo tituló. Esto Set si que no se lo esperaba. Arqueó una ceja y pensó: “No está nada mal” buen giro de guión. Y realmente lo era, un guión de serie. Porque hacia ya mucho tiempo que a nadie le importaba el jodido experimento, la gente estaba enganchadísima al culebrón tan curioso que se había formado en aquél planeta. Y como Set, media galaxia empezó a sintonizar el reality show de la Tierra durante 24 horas. Al final, tuvieron que parar la guerra, a ver quién era el listo que se perdía un jodido capítulo.