Volvía de fiesta

difuminado por botellas vacías,

a modo de lámparas de alcohol,

contraluces de alcohol,

claroscuros de alcohol.

La ciudad era una gran sala vacía.

Cuanto más feo me veo,

más ganas de follarme a alguien.

Devoré con ansia un kebab,

como una bestia que se teme a si misma;

en un soportal, alejado de todos,

ensuciándome sin cuidado el alma

de salsa y algo más.

Voy a estamparme contra algún muro.

Mi cráneo de nuez hará “crac”

y me dará muy igual.