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Hay un punto, en el que la soledad se hace tan tangible, que tienes que tomar una decisión. Esta decisión es harto importante; decidirá que las aguas de tu río fluyan como un remanso de paz, o se conviertan en unos rápidos.

Aceptarla o negarla. Negarla es, sin duda, lo más fácil. Hay muchas formas; alcohol, compañía esporádica, comida en exceso… Todas estas soluciones o parches son menos que temporales; son efímeras, ilusorias, vacuas. Aceptarla es no pelear. Simplemente dejarla ser, pero con consciencia de que la soledad no es la totalidad de tu ser. Tu ser dista muchísimo de poder identificarse con nada terrenal –ya sea físico o perteneciente al mundo de las ideas–. La soledad solo es una parte de ti, como lo son tantas otras. La soledad es una infinitesimal parte (por cuantificarla de modo simbólico) de la totalidad de experiencias sensoriales que conforman tu visión del mundo. Un mundo que no existe más que en tu mente, pues es creación suya, en tanto que lo percibe en base a unas premisas. Premisas que te conforman por defecto, premisas sobre las que has construido tu vida, tu identidad, tu “Yo”. Y no son ni peores ni mejores; son las que tienes. Pero son meras herramientas, luego nunca has de olvidar el uso de una herramienta: facilitar algo. Cuando una herramienta consigue su finalidad a base de limitarte, a largo plazo te están lastrando.

La soledad, es entonces, el camino hacia la comunión universal. Este camino de opuestos contradictorios, oximorón en sí mismo, es lo único intrincado del mismo. A partir de ahí, todo fluye. Una vez que te das cuenta de tu soledad, y trasciendes, te elevas al conocimiento de que formas partes de un “Todo”. Es imposible estar solo, pues todo lo que te rodea eres tú, es yo, somos todos. La aparente desconexión en la que vivimos no es más que otra de las herramientas del “Yo”. Una ilusión mental, fruto de una mente que no se creó para otra cosa. Desventajas de un sistema especializado al máximo.

Sin embargo, esta es una lucha constante, una habilidad más a entrenar, algo que solo con la práctica y fuerza de voluntad diarias podrás interiorizar, para algún día, llegar a asimilar completamente, y completar el puzzle del camino que lleva a tu Ser interior.